Nuestro Sevilla vuelve a codearse con uno de los equipos más icónicos de este mundo llamado fútbol dando una clase maestra de categoría y lección sobre buen juego al conjunto de los 700 millones de euros.
No sólo en el césped los nuestros fueron infinitamente superiores, sino que el ejercito sevillista se volvió a vestir con esa prenda fetiche que todos tenemos, esa prenda que nunca se perderá, esa prenda que es sólo nuestra: Una pasión imposible de vender.
Acorralado, temeroso, nervioso, presionado.
Así estuvo el equipo dirigido por el altivo personaje portugués, idolatrado por la meseta ibérica y acobardado por los extranjeros del sur. Desde la llegada a Sevilla ya sentían que esta ciudad es diferente; los diablos no habían visitado nunca un infierno de tal magnitud.
Éver Banega, Franco Vázquez, Joaquín Correa. Magia.
Dentro de una locura constante, una presión bélica y unos nervios propios de tu primer examen importante, aparece la magia. Hacer extraordinario lo ordinario, hacer complejo lo sencillo.
Gabriel Mercado, Clement Lenglet, Sergio Escudero. Garra.
Millones y millones de euros frenados en seco por la característica que representa a cada alma que siente estos colores. "Lucha, corazón y huevos".
Jesús Navas González. Sevillismo.
Ese pequeño experimentado que luchaba contra el Goliat de color, contra el chileno de la chistera o el niño promesa de Inglaterra es la encarnación de todos los corazones que lo vieron llorar por marcharse de su casa rodeado para volver como un hombre que nunca envejece.
Orgullo e ilusión.
Casta y coraje.
Sevilla FC.