"No paran en todo el partido, eh"

Domingo, 25 de febrero, Sevilla 0-4 Atlético de Madrid. 22:05.
Una persona especial me acompaña en una de esas noches en las que los sevillistas con orgullo nos quedamos clavados en el asiento hasta el pitido final con cara de circunstancia.
Diego Costa, Griezmann, Griezmann, Koke...
Saca su móvil y empieza a grabar hacia el corazón, pulmón y alma de Nervión. Yo, atónito por el correctivo de los madrileños "humildes", le pregunto que por qué está grabando.
"No paran en todo el partido" me dice. 
Es cierto, no paran, ni pararán nunca. 
Cierto es que se nos acabaron hace tiempo los adjetivos par describir a nuestra familia de Gol Norte pero sigue manteniendo su esencia, sigue impresionando a todo aquel que se sienta sobre los asientos rojos, blancos o negros por primera vez.
Ingleses, alemanes, españoles, franceses. Todos. Encienden sus flashes y empiezan a disfrutar de un ambiente que raramente volverán a contemplar.
La gente quiere volver al Ramón Sánchez Pizjuan por el ambiente, por la pasión, por nosotros.
Eso es Sevilla, eso es el fútbol.
Y nosotros, que lo vivimos cada dos domingos, nos resulta algo normal cuando en un mundo gobernado por los intereses políticos y económicos, el fútbol cada vez se parece más a una teatro silencioso del que no quiero ser partícipe nunca.
Crecí con "Vuelan, vuelan banderas...", maduré con "Mi tío tenía razón..." y moriré el día que todo eso se acabe.
Como yo, muchos jóvenes, quedamos impregnados por el virus rojiblanco el día que fuimos conscientes que el mejor jugador de la historia del Sevilla FC aprecia los partidos desde la grada con una bufanda al cuello y un nudo en el estómago.
Todos somos Biris.

This is Sevilla.

Sevilla FC-Manchester United... se dice pronto, se tarda en creerlo. 
Nuestro Sevilla vuelve a codearse con uno de los equipos más icónicos de este mundo llamado fútbol dando una clase maestra de categoría y lección sobre buen juego al conjunto de los 700 millones de euros. 
No sólo en el césped los nuestros fueron infinitamente superiores, sino que el ejercito sevillista se volvió a vestir con esa prenda fetiche que todos tenemos, esa prenda que nunca se perderá, esa prenda que es sólo nuestra: Una pasión imposible de vender.
Acorralado, temeroso, nervioso, presionado. 
Así estuvo el equipo dirigido por el altivo personaje portugués, idolatrado por la meseta ibérica y acobardado por los extranjeros del sur. Desde la llegada a Sevilla ya sentían que esta ciudad es diferente; los diablos no habían visitado nunca un infierno de tal magnitud. 
Éver Banega, Franco Vázquez, Joaquín Correa. Magia. 
Dentro de una locura constante, una presión bélica y unos nervios propios de tu primer examen importante, aparece la magia. Hacer extraordinario lo ordinario, hacer complejo lo sencillo.
Gabriel Mercado, Clement Lenglet, Sergio Escudero. Garra.
Millones y millones de euros frenados en seco por la característica que representa a cada alma que siente estos colores. "Lucha, corazón y huevos".
Jesús Navas González. Sevillismo.
Ese pequeño experimentado que luchaba contra el Goliat de color, contra el chileno de la chistera o el niño promesa de Inglaterra es la encarnación de todos los corazones que lo vieron llorar por marcharse de su casa rodeado para volver como un hombre que nunca envejece. 
Orgullo e ilusión. 
Casta y coraje.
Sevilla FC.